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“Hay más mujeres en la política japonesa, pero refuerzan el estereotipo”

Marta Pena Matsushita. Académica de la Universidad de Doshisha, Japón.

En un principio fue enseñar América Latina en Japón, pero desde hace un tiempo Marta Pena decidió recorrer el camino inverso y centrarse en explicar a la sociedad nipona, en especial el rol del género. Su biografía le da credenciales suficientes. Nacida en Mendoza, a principio de los años 70 se graduó en Ciencias Políticas en la Universidad de Cuyo, se casó con Hiroshi Matsushita y se fue a vivir al otro lado del mundo. Se dedicó a la vida académica, es profesora emérita de la Universidad de Doshisha, escribió varios libros. Actualmente estudia la participación de la mujer en la vida pública. Una esfera vista desde los estereotipos y que Pena quiere explicar con más profundidad, como en la charla que fue a dar en el Centro Universitario de Idiomas, dentro del programa de enseñanza de japonés.

¿Cuál es la participación de la mujer japonesa en la esfera pública?

El tema es particularmente importante porque Japón tiene muy malas calificaciones en términos de participación entre los países industrializados a los que pertenece. Incluso se ha dicho que es la Arabia Saudita del mundo industrializado. Eso quizás es ponerle demasiados tintes al cuadro, pero ciertamente no es una sociedad que brille por la participación de la mujer. Hay un 9% de mujeres legisladoras frente a un 19% en Estados Unidos y 26% de Alemania.

-Pero Tokio ha elegido a Yuriko Koike, la primera mujer gobernadora… -Que Tokio tenga a una primera gobernadora mujer es algo sensacional, la ciudad es muy importante: maneja el mismo presupuesto que Bélgica. Es un gran avance que ella esté ahí. Pertenece al partido oficialista, Partido Liberal Demócrata (PLD), pero el partido no la apoyó y ella se presentó como independiente. Muchos la votaron esperando un cambio porque llevaban dos gobernadores que se tuvieron que ir por escándalos de corrupción. Pero su partido le está haciendo la guerra, es muy machista. El problema es que si bien han crecido la cantidad de mujeres legisladoras y en la política, ellas refuerzan el estereotipo, el rol de la mujer y presentan leyes que tienen que ver con agendas vinculadas con lo femenino como la salud de los niños. Me convencerían más que en la actividad legislativa rompieran con los estereotipos e impulsaran, como ejemplo, leyes sobre los reactores nucleares.

¿La mujer japonesa es sumisa?

Primero habría que saber qué es sumisa, porque no es por ejemplo la sumisión de una cultura musulmana. Es otra cosa. Hay un gran empoderamiento en la mujer a nivel de la familia: la mujer es la que manda en el hogar. Maneja las finanzas de la familia. Lo que pasa es que en Japón se concibe a la sociedad como un conjunto de roles. El género es un determinante fundamental. Los otros dos son el mérito y la edad. Esta división se ha impuesto desde el poder, no es un fenómeno meramente cultural. El modelo dice que el escenario del hombre es lo público y el de la mujer, lo privado, el hogar. La sociedad japonesa está convencida de que marcha.

El machismo es una construcción cultural, ¿hay diferencias entre el machismo argentino y el japonés?

Sí, yo creo que la mujer japonesa es más independiente que la argentina, ellas hacen y deshacen las cuestiones de dinero sin decirle nada al marido. El hombre japonés termina siendo débil cuando deja el trabajo y al retornar al hogar es un cero a la izquierda. No es el machismo de acá, que la mujer debe ser un objeto bello que acompañe al hombre. Si bien es una sociedad que enfatiza en el espacio público el rol del hombre, para las japonesas las mujeres argentinas son esclavas porque tienen que estar perfectas a nivel estético, tienen que tener una conversación interesante, tienen que….

En el caso de que algunas mujeres no elijen casarse, ¿qué sucede?

La condena social es igual para la mujer o el hombre que deciden no casarse. Japón tiene el mayor porcentaje de gente casada. Porque tanto para el hombre como para la mujer no casarse significa no cumplir con la expectativa social. La sociedad japonesa -y esto es muy antiguo, viene del confucianismo- supone que el ser humano es incompleto y que no puede solo cumplir el rol que la sociedad le asigna. Casarse significa cumplimentar roles. Hay gran desconfianza con respecto al hombre soltero.

¿Homofobia?

En general, la homosexualidad se oculta sobre todo en el lugar de trabajo. Claramente hay prejuicios. Es una sociedad muy conservadora. La posibilidad de que se debata el matrimonio entre personas del mismo sexo es impensada. En la Argentina los prejuicios morales refieren más a cuestiones de creencia religiosa; en Japón, vienen de conceptos sociales.

¿Hay lecturas de la desigualdad?

La sociedad japonesa no es de reclamar abiertamente ni de quejarse. A largo plazo la situación funciona. La mujer no está en el hogar. Debe haber pocas amas de casa en el mundo que pasen tan poco tiempo en su casa. Los niños y el marido salen muy temprano y vuelven tarde. Entonces puede hacer interpretaciones individuales de ese rol sin cuestionar este modelo del hombre productor y la mujer reproductora y consumidora. Todo el sistema de educación japonesa se basa en el supuesto de que la madre está disponible. Entonces puede asumir ese rol, pero dedicarse a otras pequeñas actividades. La sociedad en ese sentido es más generosa con las mujeres que con los hombres. Con ellos es implacable, se les exige que trabaje, que sean los proveedores.

Señas particulares

Marta Elena Pena de Matshusita es mendocina, pero hace más de 48 años que vive en Japón. Se graduó de licenciada en Ciencias Políticas en la Universidad Nacional de Cuyo y se mudó a Tokio después de recibirse y casarse. Desarrolló su carrera académica en el cruce de los estudios comparados entre Argentina y Japón. Jubilada, aún sigue dirigiendo tesis doctorales en Doshisha, en Tokio mientras estudia la participación de la mujer en la vida política japonesa.

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