Tweets de CUI_oficial


Remma Cominucación Visual

Habeas Corpus.

Eliana Valzura

No, no. No voy a hablar de cuestiones legales. Mucho menos de esta figura legal en particular, tan sensible a nuestro corazón argentino.

“Habeas corpus” es un giro latino que significa, literalmente, “tendrás tu cuerpo”. “Habeas” es la segunda persona del singular (tú) del verbo tener, “corpus”, el caso acusativo. Tendrás tu cuerpo. Tendrás derecho a tener tu cuerpo, arriesgo.

Otra vez, no quiero entrar en lo legal, no.
Quiero indignarme airadamente con tanta campaña de mujeres, sobre todo de mujeres, que no entienden qué se reclamó en el llamado “tetazo”. Aclaro que estoy a favor pero no participé activamente, y difícilmente habría participado. Soy tímida y me resulta imposible ese grado de exposición. Aclaro, también, que puedo entender a quien esté en contra y argumente inteligentemente sus razones. Pero decir que para ser mujer no hace falta mostrar las tetas, o que para reclamar igualdad de género hay que levantar paredes y ser mecánica de autos, o decir “para cuándo el cerebrazo”, o que en vez de mostrar las tetas en el Obelisco es más útil ir a un comedor a dar de comer a indigentes, es no entender y ni siquiera haber empezado a entender de qué se trata este tema.
¿Por qué el “tetazo” causa tanta resistencia entre hombres e increíblemente entre mujeres? Porque lo que se dirime es la posesión (sí, la posesión) de nuestro propio cuerpo. Lo que ellos —los hombres— reclaman es la posesión de nuestro cuerpo. Y lo que ellas —las mujeres— reclaman o replican sin saber o sin analizar demasiado, es la posesión que históricamente los hombres han tenido sobre el cuerpo de las mujeres.
Porque una teta en pantalla —desnuda, turgente, operada, parada, tensa, erótica—, para vender pan rallado para las milanesas del marido que llega de trabajar sudoroso y cansado, no está mal. Una teta, o dos o tres o mil, con purpurina o sudorosa o mojada, saltarina, siliconada, con flechitas rojas intermitentes que la apuntan y que dicen “chúpame” que aparece todas las noches en la pantalla del pajeando por un sueño, esa se puede ver sin censura, y con la mujer al lado, que está narcotizada viendo los culos ajenos como quien mira sandías en la verdulería. Porque una, dos, tres, millones de tetas usadas en publicidad, en almanaques, en berretas programas de TV, no insultan la moral ni escandalizan, porque están gerenciadas para el placer del hombre. Aparecen cuando el macho quiere y necesita y desaparecen cuando a él se le canta que llegó el tiempo de la familia y las buenas costumbres. La moral administrada por el hombre. La ética hominizada. Sí, ya sé. Me van a decir feminazi. Y no me importa. Es que está tan naturalizado que sea así, que ya nadie o casi nadie lo nota. Siempre fue así. No se discute. Pero fue hecho por hombres para hombres. Y lo que se desafía ahora, hoy, es ese poder y ese gerenciamiento.
El habeas corpus del “tetazo” implica tener nuestro propio cuerpo sin el gerenciamiento masculino. Sin la pauta masculina. Sin ni siquiera la pauta femenina que esas féminas incorporaron como natural sin advertir que les venía del hombre, porque tampoco se lo plantean cuando ven lo mismo sentadas frente a la tele mirando a Tinelli.
El habeas corpus del “tetazo”, hayamos ido o no, significa el poder decidir sobre qué hacer o no hacer con nosotras mismas, qué es lo que está bien y qué es lo que está mal sin la mirada divina masculina gerenciando. Porque al final, ese mismo que hoy condena el tetazo es después como el señor tijeras de Sui Generis cuando está solo: no muestres tus tetas en el Obelisco. Sólo podés mostrarlas si te lo digo yo, si te lo permito yo, si es para mi placer. El habeas corpus del “tetazo” es uno de tantos. Es una lucha que no empezó hoy y que no va a parar. Porque es una lucha necesaria. Porque si es necesario darla, porque si es necesario reclamar por tener nuestros cuerpos, es porque, triste y lamentablemente, todavía no los tenemos.

novedades-ESCOBAR